La leche industrial

Las empresas de lácteos están llamativamente preocupadas por la salud de las personas: “cuídate”, “fortalece tus huesos”, “que tus hijos crezcan sanos y fuertes”, “mejora tus defensas”… También muestran una gran sensibilidad por el cuidado de los animales (hasta sacan a pasear a las vacas por los verdes prados de Asturias!). En los bricks pintan imágenes de vacas felices pastando. En la leche infantil encontramos ositos de colores. Encontramos también leches enriquecidas: “ahora con vitaminas y omega 3″. En los anuncios de televisión salen niños correteando y las madres comentan como su merienda con leche es fundamental para su desarrollo. Por qué, precisamente las empresas de lácteos, gastan ingentes cantidades de dinero en difundir incesantemente estos mensajes de su preocupación por el cuidado de nuestra salud? Por qué no sucede con las empresas de manzanas, o de zumos, o de pan de molde?
Aquello que los anuncios no muestran es que la leche industrial que nos venden en el supermercado es probablemente el alimento más contaminado del mundo. Por eso hay tanto marketing destinado a convencerte de lo contrario. En ella se han encontrado sistemáticamente dioxinas, hormonas, pus, pesticidas, antibióticos, antiinflamatorios, analgésicos, antifúngicos, aluminio, plomo, arsénico, compuestos aromáticos policíclicos, proteínas aberrantes (priones responsable de la encefalopatía espongiforme que llegan a la leche) etc. Además, esta leche de ganadería intensiva proviene de vacas medio enfermas, a las que se les destroza el sistema endocrino. Basta exponer un dato: una vaca normal vive unos 25 años, y una vaca de una empresa lechera no pasa de los 4-6 años, exhausta a nivel metabólico y con una alta incidencia de patologías (Sánchez Rodríguez, Zootecnia, Universidad de Córdoba). En esos penosos años, la vaca ha sido usualmente hacinada en naves industriales (tantas vacas por metro cuadrado como la ley permita), lo que fomenta la transmisión de gérmenes y enfermedades por contacto que luego se tapan medicalizando al animal con triple ración de antibióticos y sustancias químicas. La vaca es manipulada para estar embarazada prácticamente todos los días de su vida a través de inseminación artificial para aumentar la producción de leche. Hace 50 años, una vaca producía unos 1000 litros de leche al año. Ahora produce 25.000. Nuestra vaca es además bañada en antibióticos (que pasan a la leche), antifúngicos, antiparasitarios y fármacos de toda clase. Por lo general no ve un pasto verde en su vida.
Lea el artículo completo en www.muscleblog.es

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